Lumen
Salí de la torre, siguiendo a Seth, tan sigilosa como me era posible. Me daba miedo hacer el más mínimo sonido. Eso fue duro de aceptar, porque Seth iba andando como si nada, él no tenía nada a lo cual temer.
Estaba concentrada en no hacer ninguna clase de sonido cuando tropecé con una de las patas de una mesa de hierro fundido.
Maldita sea. Palidecí. Me atraparían, vendrían a castigarme. Estaba segura porque aquí nadie quería mi presencia.
Seth me tendió su mano.
—No seas gallina. —dijo,