Athius
Melia se acercó a mí, al igual que Danny, en el jardín. Los dos antes fueron buenos amigos para mí. Quizás no se daban cuenta que yo no simpatizaba demasiado con ellos ahora.
Quizás me costaba simpatizar con cualquiera hoy por hoy. Todo desde que ocurrió lo de los Sombra de lobo. Malditos sean ellos para siempre.
—Oye, Athius. Vamos a jugar a las cartas con los demás. ¿No quisieras venir? —preguntó Melia, sonriéndome.
—No lo creo. Tengo que entrenar un rato. —solté, mirándola con desdén.