Se detuvo y su expresión se volvió seria.
—Pensé que te perdíamos.
Algo se apretó en mi pecho.
—Soy más difícil de matar de lo que crees.
—Eso ya lo sé —dijo, acercándose—. Pero no vuelvas a asustarme así.
Me abrazó con cuidado pero firme. Y yo me aferré a él, agradecida de tener a mi mejor amigo vivo y entero.
—Te lo prometo —murmuré contra su hombro—. La próxima vez que una bruja loca me apuñale por la espalda, trataré de esquivarla mejor.
Se rió y el sonido vibró contra mí.
—Más te vale.
Cua