LENI
Me sentía como un títere al que le habían cortado las cuerdas. La elección de Ardian por Melisa era como una espada afilada atravesando mi pecho, y cada latido de mi corazón se volvía más pesado y lento. La conexión que una vez compartimos parecía desvanecerse en el aire, como el humo de un fuego extinguido, y no podía evitar preguntarme si alguna vez había sido real. Cerré los ojos, sintiendo cómo la oscuridad me envolvía, y en ese instante, decidí dejarme caer.
—Leni, ¡no! —resonó una