ARDIAN
El bullicio del comedor de trabajadores del castillo, aumentaba mi molestia mientras intentaba concentrarme en mi comida. Los murmullos y risas de mis compañeros resonaban en el aire, pero mis pensamientos estaban lejos de allí. En la esquina, los gemelos, Loan y Rase, discutían en voz baja, con rostros serios. No podía evitar escuchar.
—No podemos quedarnos de brazos cruzados —dijo Loan, mirando adusto a su alrededor—. Si nos atrapan, nos ejecutarán. Necesitamos escapar.
—¿Y cómo planea