MICAH
El camino hacia el castillo se sentía más largo de lo habitual, como si el tiempo se hubiera estirado en respuesta a la creciente inquietud en mi pecho. Los árboles, con sus ramas desnudas, parecían erguirse como testigos mudos de lo que estaba por venir. El aire estaba impregnado de una tensión palpable, y a medida que me acercaba, el silencio se volvió ensordecedor.
Al llegar, me encontré con una escena que me heló la sangre. Mis soldados estaban agrupados, sus rostros pálidos y llen