RIHANNON
Las paredes de la torre eran frías y húmedas, y el eco de mis pasos resonaba en el silencio opresivo que me rodeaba. Miré por la pequeña ventana, pero el paisaje que se extendía más allá de las murallas del castillo me parecía ajeno, como si estuviera atrapada en una realidad que no quería aceptar. La rabia ardía dentro de mí, una llama inextinguible alimentada por la frustración de sentirme una prisionera en mi propia vida. Mis padres habían tejido un entramado de expectativas y deci