Dejó el orfanato a los 18 años para vivir de forma independiente. El edificio del orfanato no había cambiado mucho de lo que ella recordaba.
En este lugar pasó su infancia en la pobreza. Lucha por un trozo de ropa o comida con otros niños. Con suerte, algún día sus padres biológicos vendrían a buscarla.
Pero, por desgracia, los sueños son sólo sueños. Las personas que han abandonado a sus hijos no vendrán a buscarlos.
Yuriel se estremece de frío. Actualmente, no tiene otro lugar donde vivir. La