Yuriel se puso rígida al oír la voz familiar que la llamaba desde atrás.
Giró la cabeza, con los ojos nublados por las lágrimas, al ver la figura desaliñada de un hombre que se acercaba a ella con pasos apresurados. Ni siquiera se había abrochado bien la camisa. A Yuriel le recordó la escena que había visto en la habitación.
Sacudió la cabeza, se levantó y abandonó el lugar. No quería encontrarse con Aleandro.
«¡Yuriel!»
Aleandro finalmente la alcanzó. Verla llorar agazapada sola en el pasillo