Con el corazón palpitante y lágrimas en sus ojos, Ava salió de la casa de su madre. Ella no podía dejar de sentirse mala hija por la decisión que tomó y en la manera en la que le habló, pero podía sentir tranquilidad al no entrar en su juego como por años había sido una costumbre.
Mientras que Ada estaba llena de rabia, ¿cómo podía conseguir un bebé sin robarlo? ¿Qué haría en el poco tiempo que tenía a su favor? Ella no pensó en quedarse de manos cruzadas, así que muy rápido soltó los nervios y