Capítulo 31

Los dos agentes me arrastraron sin cuidado y me metieron en una celda. 

Uf. Qué groseros. 

Al darme la vuelta, tres pares de ojos me miran fijamente... Espera, déjame reformularlo, me están mirando con odio. 

Son enormes, con músculos marcados. Lo único que indica que son mujeres es su molesto y larguísimo cabello. 

Genial, me han encerrado en una celda con unos malditos hombres. Genial. 

«¿Qué tal si te enseñamos cómo tratan los hombres a una mocosa como tú que no sabe estar callada?», dice la del medio, levantándose lentamente. 

Maldita sea... Sabía que un día como este llegaría. Cuando parece que no puedo dejar de hablar en voz alta. 

«Oiga, seño

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