Julie
Caigo con el león encima de mí, con un fuerte grito la empujo con fuerza, pero ella no se mueve. Siento algo húmedo en mi cara, ¿es esa lengua? Me lame de nuevo, abro los ojos de par en par y miro al enorme león que tengo delante.
Ella empuja con la cabeza hacia la puerta. La miro confundida.
«Vamos», gruñe. ¿Qué demonios? ¡Habla en forma de leona, guau!
Me sacudo el polvo, me pongo de pie de un salto y rodeo con mis brazos la cintura de mi madre mientras ella se levanta.
«¿Por qué no nos mata?», me susurra mi madre al oído. Me encojo de hombros.
«No la provoques antes de que cambie de opinión», le susurro yo a mi vez.
«Te oigo», gruñe, dando pasos lentos y majestuosos.
Salta y usa sus dos patas para agarrar el pomo de la puerta, que también es plateado. Lo abre a pesar de la quemadura que le produce. Melanie tendrá que soportar este dolor más tarde.
Una vez fuera de esa habitación sombría, mi pelo se alarga, me salen colmillos, mi vista se agudiza y mis oídos también oy