«Tiene que haber otra manera», dice con voz quebrada.
«No la hay. No hay ninguna», concluye el anciano, dándose la vuelta y alejándose.
«No lo haré. No lo digas», suplica, con las venas del cuello hinchadas.
Si es la única manera, hay que hacerlo.
dirección.
Bion llamó a los gemelos para que se unieran a nosotros, parecían muy tristes. Probablemente por Kimberly, su compañera. Acababan de conocerla, pero por mi culpa quizá no volvieran a verla nunca más.
«No es culpa tuya», susurra Bion, acariciándome la espalda y dándome un beso en la frente. Suspiro.
«Vamos, chicos, cuanto antes recuperemos a vuestra familia, antes podremos ponernos a buscar a nuestra pareja», se queja Kelvin, levantando las manos con impaciencia.
Nos preparamos rápidamente para partir. Origen, Macho y Kevin se subieron al coche de Macho, y Bion, Kelvin y yo nos subimos al coche de Bion.
Mi sangre seguía cambiando de dirección, del norte al este, al oeste, y así sucesivamente. Seguimos obedientemente hasta