«Tiene que haber otra manera», dice con voz quebrada.
«No la hay. No hay ninguna», concluye el anciano, dándose la vuelta y alejándose.
«No lo haré. No lo digas», suplica, con las venas del cuello hinchadas.
Si es la única manera, hay que hacerlo.
dirección.
Bion llamó a los gemelos para que se unieran a nosotros, parecían muy tristes. Probablemente por Kimberly, su compañera. Acababan de conocerla, pero por mi culpa quizá no volvieran a verla nunca más.
«No es culpa tuya», susurra Bion,