Me incliné para darle un beso... por fin. Pero ella gimió al menor contacto. Alfa gruñó en mi pecho. Alguien iba a morir. Me estaban impidiendo conectar con mi compañera.
Kennedy no se inmutó. Me sostuvo la cara con fuerza entre las manos, pero su atención no estaba puesta en mí.
—Finn, ¿dónde está Dirk?
¿Cómo podía estar tan tranquila? ¿Y cómo demonios sabía el nombre de todos?
—Puedo llamarlo, si quieres, Luna.
—Qué lameculos —dijo Bennet sin ocultar su irritación. Los labios de Kennedy se cur