—¿Qué está pasando? —pregunté mientras otro grito perforaba el aire.
—Tu compañero vino por ti —respondió. Hablaba sin emoción, resignado.
—¿Por qué no peleas?
—¿Por qué no corres?
—Porque no creo que vayas a hacerme daño. No creo que hayas tenido intención de hacerme daño en ningún momento. No entiendo cuál es la verdadera razón por la que estoy aquí.
—Quería a mi compañera, y esperaba que tú fueras la clave. Pero parece que me han usado. Nada de esto era para que yo demostrara ser digno. Todo