—¿Qué te gusta, cariño? Todo esto es nuevo para mí. Necesito que me lo digas.
—Ya sabes lo que me gusta —Jadeé mientras él lamía un poco más fuerte—. Mmm. Me guiaste a través de dos de los mejores... eh... orgasmos de mi vida. ¡Ah, sí! Eso me gusta.
No tenía idea de lo que estaba haciendo, pero las piernas me temblaban y las sacudidas no dejaban de recorrer el cuerpo. Respiraba con dificultad y comenzaba a sudar de nuevo. Entonces me dio una palmada en el trasero.
—¡Dime lo que quieres, ahora! —