Una vez que todos se fueron, me recosté en la cama y acomodé a Kennedy en una posición más cómoda. Había estado acurrucada por demasiado tiempo y no quería que se le cortara la circulación de las piernas. Cuando terminé de acomodar innecesariamente sus mantas, levanté la vista hacia Bennet.
—Háblame claro, hermano. ¿Pasa algo entre Kennedy y tú?
—No empieces con esto otra vez. ¿Tienes idea de lo agotador que eres?
—Es que no lo entiendo. Pareces estar tan obsesionado con ella como yo. Siempre es