Los dos disfrutaban de ese momento juntos como si nunca hubiera existido nada complicado entre ellos.
Por un instante, se lo pasaron en grande, olvidándose de sus problemas y pareciendo una auténtica pareja casada.
Incluso cuando dejaron de deslizarse, ambos se miraron y se echaron a reír.
«¿Te ha gustado?», preguntó él sin apartar la mirada.
«Sí, me ha gustado», respondió ella con entusiasmo mediante lenguaje de signos.
Sus mejillas sonrojadas y su piel blanca como la leche la hacían parecer u