El Santuario del Lobo Antiguo estaba en silencio. Incluso el viento parecía contener la respiración. La manada se había reunido en un amplio círculo alrededor del altar de piedra donde la llama sagrada ardía débilmente, proyectando sombras sobre los rostros de ancianos y guerreros por igual. El aire estaba cargado de expectación. Cada susurro, cada arrastre de patas resonaba agudo en el silencio.
Selena fue la primera en dar un paso adelante, con la cabeza en alto, el pecho hinchado de orgullo.