CAPÍTULO 25
Saco mis manos de debajo de su camisa y las coloco en la base de su cuello. Repito el gesto.
Sus ojos se oscurecen de deseo ante mi declaración, pero rápidamente lo disimula.
—No quiero hacerte daño en el cuello —dice acariciando suavemente mi piel herida.
Le sonrío y le guiño un ojo.
—Puedo soportarlo —digo en tono alegre.
Sonríe, se inclina y posa sus labios sobre los míos en un beso dulce que dura apenas un segundo antes de retomar donde había quedado.
Vuelve a besarme lentamente