David tomó una decisión, y no había nada que pudiera desviarlo de ella.
—La voy a conquistar de nuevo —dijo, con firmeza, sus ojos dorados brillaron con una intensidad feroz—. Ya hice que se enamorara de mí una vez, y lo puedo lograr nuevamente. Quizás ahora deba ir más despacio, pero lo voy a conseguir.
Román, que conocía bien el corazón de su amigo, asintió en silencio. Sabía que cuando David se proponía algo, nada ni nadie podía detenerlo. Había liderado a su manada durante siglos con la mism