Aria despertó antes del alba, sacudida por una pesadilla que no recordaba.
Lucian ya estaba despierto, vistiéndose en silencio. Se movía con precisión militar, cada gesto eficiente y controlado.
“¿Qué hora es?” Aria preguntó.
“Casi las cinco.” Lucian respondió sin voltear. “Alfonso llegará al amanecer. Tenemos tal vez una hora.”
Aria se levantó, forzando sus músculos cansados a moverse. Había dormido poco, y lo que había dormido no había sido reparador.
“Las brujas dejaron esto para ti.” Lucian