El cuaderno cayó de las manos de Aria, golpeando el suelo con un golpe sordo que resonó en el estudio silencioso. Su mente se negaba a procesar lo que acababa de leer. No podía ser verdad. No podía.
“Aria.” Lucian estaba a su lado en un instante. “Respira. Solo respira.”
Pero no podía respirar. Porque todo lo que le habían dicho sobre su vida era otra mentira. Sebastián Corvinus no había sido asesinado por cazadores cuando era bebé. Había fingido su muerte. La había abandonado. Y ahora, aparent