El silencio que siguió fue más fuerte que cualquier explosión.
Aria miraba a su madre, esperando una negación, esperando que Isabela le dijera que el mensaje era mentira, otra manipulación de los Puristas. Pero las lágrimas en los ojos de su madre contaban una historia diferente.
“No aquí.” Isabela finalmente habló, su voz rota. “Por favor, Aria. No aquí frente a todos.”
“Sí, aquí.” Aria sintió algo endurecerse dentro de ella. “Aquí, ahora, frente a testigos. Porque claramente no puedo confiar en nada de lo que me digas en privado.”
Lucian dio un paso adelante, su mano encontrando el hombro de Aria. “Tal vez deberíamos.”
“No.” Aria se apartó. “Todos se han estado guardando secretos. Tú.” Señaló a Esperanza. “Sabías sobre la profecía toda mi vida y nunca dijiste nada. Tú.” Se volvió hacia Isabela. “Mentiste sobre lo que eras, sobre lo que yo era. Y ahora descubro que también mentiste sobre quién era mi padre?”
“No mentí.” Isabela se limpió las lágrimas. “Rafael Montoya te crió. Te amó.