El silencio que siguió fue más fuerte que cualquier explosión.
Aria miraba a su madre, esperando una negación, esperando que Isabela le dijera que el mensaje era mentira, otra manipulación de los Puristas. Pero las lágrimas en los ojos de su madre contaban una historia diferente.
“No aquí.” Isabela finalmente habló, su voz rota. “Por favor, Aria. No aquí frente a todos.”
“Sí, aquí.” Aria sintió algo endurecerse dentro de ella. “Aquí, ahora, frente a testigos. Porque claramente no puedo confiar