72. La mujer rubia
Heros lo pensó por un par de segundos y cuando se decidió a hacerlo, se acercó uno de los meseros.
—Disculpe, joven señor. —Se acercó a la oreja de Heros y le susurró—: aquella mujer lo ha mandado a buscar. Dice que solo el dueño puede atenderla.
Heros vio a Hestia que lo miraba de vuelta con una sonrisa tensa. Su semblante se mantuvo inexpresivo y se puso de pie, excusando con las chicas.
—¿Qué desea comer? —preguntó Heros, adaptando el rol de un mesero con su clienta.
—A ti —respondió Hestia,