66. Diosa soberbia
Hestia se mantuvo perpleja e inerte en el sillón. Eso era todo lo que deseaba; la confesión de Heros hizo estremecer cada parte de su cuerpo; desde las fantasiosas mariposas de su estómago. Sus dedos de los pies se recogieron; tuvo que apretarlos para resistirse ante la avalancha de emociones que invadían su ser. Felicidad, impresión, dicha y porvenir; todas las ilusiones de un futuro con Heros la asaltaron con rapidez, como ráfagas de luz, provocados por una cámara, que reproducían cortas esce