El viento sopló con fuerza. El atardecer llegó rápidamente, y con ello la noche. Benjamín no se separó de la muchacha recostada. En poco tiempo recibió noticias de sus sirvientes, Devora había arrasado con alimentos de las pequeñas tiendas del pueblo más cercano. Dejando una minúscula fortuna, confusión y emoción a sus dueños, quienes estaban extrañados, pero fascinados a su vez, de que un par de mujeres comprarán tantos víveres. Ferhial adquirió las prendas más relucientes, ostentosas y caras