Inhale y exhale tratando de calmarme. Sentí las piernas de gelatina y como el aire se volvía cada vez más pesado.
—¡Giovanny espera! No puedes matarlo.
—Oh claro que no solo voy a matarlo. Lo haré sufrir— el corazón parecía que estaba a punto de salírseme del pecho.
— Lo siento tanto Sera. Por favor perdóname— Las rodillas de la castaña se doblaron, arrodillándose.
—No, no Amanda, no te arrodilles. No hiciste nada malo. Fui una estúpida por no haberme dado cuenta— La voz se me quebró. El hombre