La miré mientras dormía. Era sumamente hermosa, aún con esa pálida piel y bolsas bajo sus ojos. Después de tomar un poco del líquido dulce y caliente, la convencí para que se relajará viendo el televisor de mi sala.
Sera poseía una pureza envidiable, me recordaba tanto a la mujer que rompió mi corazón, al morir en mis brazos.
Pasan de las tres de la mañana. Y estaba empezando a colocarse fría. Quité la pequeña manta que cubría sus piernas desnudas. Y la cargué con cuidado. No había cosa que odi