La impresión causó un mareo en Katerina, sintió que el piso se movía y se apoyó en la ventana para sostenerse, no podía creerlo, era libre, al fin era libre, las lágrimas corrían por su rostro. Alexandra y Tatiana abrazadas a sus sobrinos mayores gritaban de dolor atrayendo a todos al despacho. Kira seguía sentada, su expresión era de asombro. Gunila tenía el rostro oculto entre las manos, sollozaba en silencio.
Katerina pensó que sus piernas ya no la sostendrían, empezó a caer. Mikail, quien s