En la sala, Luke y Ruth intercambiaron miradas impotentes.
Para Ruth, aquello parecía una oportunidad, una salida. Se apresuró a sugerir:
—Tal vez… Luke, ¿podrías regresar por ahora?
Una vez que se fuera, podría hablarlo con Nigel y pensar qué hacer después.
Maldita sea. De todos los momentos posibles, ¿dónde se había metido Nigel? No había podido contactarlo por teléfono en absoluto.
Pero para horror de Ruth, Luke no se fue. En lugar de eso, se sentó con desgana en el sofá como si fuera su cas