Mientras tanto, en el estudio, Nigel por fin había logrado reunir, a base de ruegos y negociaciones, el millón de dólares. Cerró el trato con el paparazzi, recuperó todas las pruebas y las guardó en un lugar seguro.
En ese momento, la voz de Sherrie resonó desde el pasillo. —¡Nigel, ha pasado algo!
Nigel cerró los ojos por un instante. Estaba agotado de recibir malas noticias una tras otra. Con evidente irritación, preguntó, —¿Y ahora qué?
Con los ojos enrojecidos, Sherrie respondió, —Acaban d