El pitido que les avisó que llegaron a su piso los sacó de su momento de lujuria y a prisa abrió la puerta, tomó aire para controlarse y casi de golpe bajó aquella sensación de desespero.
—Ven aquí —le tendió la mano y ella se acercó con calma —quiero verte —le tomó su delicado rostro en sus manos y la besó con suavidad —quiero verte completa, saborearte y luego hacerte mía.
Helena bajó sin prisa el cierre del vestido situado en un costado y fue Damián quien se encargó de sacarlo por encima de