Capítulo 12: La Boda.
Las enormes puertas de la catedral se erguían majestuosas, bañadas por la intensa luz de una soleada mañana. El automóvil disminuyó la velocidad hasta detenerse frente a la escalinata principal.
Cristina observó en silencio las altas torres iluminadas y el antiguo reloj que marcaba casi el mediodía. Todo parecía irreal. Demasiado rápido. Demasiado definitivo.
Miguel fue el primero en descender del vehículo. Rodeó el auto con calma y abrió la puerta para ella, manteniendo la misma serenidad que