Stephan condujo a Eleanor a la hacienda en silencio. A pesar de que la noche estaba tranquila y la ciudad parecía estar en paz, ninguno de los dos dijo una sola palabra durante todo el trayecto.
Cuando llegaron, Stephan aparcó el coche frente a la puerta y se volvió hacia Eleanor.
- Ha sido un placer verte. - dice él honestamente. - He disfrutado mucho de la velada.
- Yo también. - concuerda la señorita Grant.
- Dale un beso a Patrick, seguramente lo necesitará. Fueses visto su rostro cuando me