Narra Patrick.
Me estampa una cachetada certera.
El cachete me arde mientras sus ojos cautivadores me miran con indignación.
- ¿Cómo te atreves? - dice empujándome.
- Hace un momento no te veías así de colérica.
- Eres un atrevido. - se limpia la comisura de los labios.
- Si, puede que haya sido un atrevido, pero hace unos momentos me correspondía con las mismas ansias que yo.
Las puertas del ascensor se abren mientras los señores de guardia nos esperan afuera.
El hombre encorvado lleva años t