La fotografía llevaba tres horas en la segunda pantalla cuando Elena la notó.
Había sido entrenada, durante seis años, a no comentar las cosas en la oficina de Kexo Valdran a menos que se le pidiera. Había sido entrenada a no comentar las horas, a no comentar el contenido de las pantallas, a no comentar el whisky que descansaba a su derecha la mayoría de las noches y que a veces estaba intacto a medianoche y a veces vacío. Había aprendido a leer la gramática específica de un hombre que operaba