Capítulo Veintiséis

A Elara le gustaba aquella habitación; la había reclamado sin anunciar su reclamo, de la misma manera en que había ido apropiándose silenciosamente de distintos espacios de la propiedad durante las últimas semanas. El asiento junto a la ventana en el corredor este, el segundo escritorio en el estudio de Alessandro, el banco del jardín con su desgaste gris plateado por la intemperie que nadie había utilizado. Nada de aquello fue anunciado. Nadie lo disputó. Simplemente se volvió suyo, por presen
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