Llegó a las 4:47 de la tarde, con seis semanas de antelación y completamente imperturbable por el hecho, con un llanto que llenó la sala de partos de manera tan inmediata y tan completa que Elara rio y sollozó en un mismo aliento, quedándose el sonido atrapado en algún punto entre los dos.
—Ya está aquí —dijo la doctora Reyes con calidez, levantando a la bebé lo justo para que Elara la viera antes de que el equipo de neonatología se hiciera cargo. Sus movimientos eran rápidos pero sin prisa, co