La sala de juntas en la sede del Grupo Miller tenía ventanas del suelo al techo en tres lados y una vista de la ciudad en torno a la cual Pablo había pasado cuatro años construyendo su identidad. La vista que decía: yo construí esto. La vista que decía: mira de dónde vengo y mira en qué me he convertido.
Estaba de pie en la cabecera de la mesa un martes por la mañana mirando doce rostros que estaban haciendo algo que nunca antes habían hecho en su sala de juntas.
Esperaban escuchar lo que tenía