Cenaron juntos una última vez, una semana después, en la finca, la finca de Alessandro, aunque Elara ya había comenzado, en silencio, el proceso de trasladar sus pertenencias y las de Adaeze a la casa que Kexo había comprado, meses antes, anticipando exactamente ese futuro, aunque ninguno de los dos lo había dicho en voz alta hasta hacía poco.
Fue una comida sencilla, cocinada por el propio Alessandro en lugar del personal habitual de la finca, un gesto pequeño y deliberado, comprendió Elara, e