Era casi medianoche cuando Diego llamó a la puerta.
Alessandro llevaba en el estudio desde las nueve y había dejado claro que nadie debía molestarlo. Diego lo sabía, lo que significaba que, si llamaba de todos modos, había una razón.
—Adelante —dijo Alessandro.
Diego abrió la puerta exactamente tres pulgadas.
—El expediente del doctor Savio Lund ha sido actualizado —informó—. La fuente secundaria confirmó la cronología. La documentación está en su bandeja segura.
—Gracias —respondió Alessandro—