La propiedad de los Miller había sido vendida.
Elara no lo supo hasta que pasó en coche por esa calle de camino a la lectura de la sentencia civil de Miltona y vio el cartel de la agencia inmobiliaria fijado a la pared junto a la puerta; la misma puerta por la que los guardias de seguridad la habían arrastrado una lluviosa tarde de noviembre del año anterior; la puerta por la que había salido de cinco años de su vida para adentrarse en la tormenta que la había llevado a una habitación de hospit