La sala del tribunal en el tercer día tenía la cualidad específica de una habitación donde la temperatura estaba a punto de cambiar.
Elara había aprendido a leer las salas de esta manera, no de forma dramática, no con la percepción agudizada de alguien que finge intuición, sino con la lectura paciente y acumulada de una mujer que había pasado meses en habitaciones donde se decidían cosas importantes y había desarrollado, mediante la repetición, la capacidad de sentir la caída de la presión ante