GENERAL
Cuando el coche se detuvo frente a la mansión, Knox salió y corrió hacia el otro lado para abrirle la puerta a Sarah.
Era la primera vez que hacía eso, y algo en ese gesto la hizo sonreír.
Leonard y los demás hombres que estaban allí intercambiaron miradas y se sonrojaron ante el gesto, no precisamente caballeroso, de su jefe. Nunca antes habían visto ese lado suyo. Nadie lo había visto.
El poderoso Knox nunca le abría la puerta a nadie. Al contrario, miles de personas le abrían la puer