El público estaba a la vez feliz y temeroso de la inteligencia artificial. Facilitaba y hacía la vida cómoda, pero también traía riesgos.
No era tan emocional como la mente humana, y no tenía ojos para ver ni oídos para escuchar.
Su razón, análisis, datos, coordinación y optimización estaban constituidos en un chip inteligente pero insensible. Era un peligro mortal si se salía de control.
Esta era también la razón por la que los vehículos con piloto automático nunca dominaron el mercado despu