-¡Cómo pude haber hecho eso! ¡Enloquecí!- chilló la joven cubriéndose por completo con las sábanas, escondiendo su cara roja como un tomate.
Los recuerdos de la noche pasada la azotaron apenas había despertado, el nuevo día había destruido su valentía y su alter ego seductor, ahora se sentía una idiota, una sinvergüenza.
“¿Cómo voy a siquiera verlo a los ojos sin recordar cómo anoche lo hice ponerse duro? ¡Rocé su entrepierna con mi rodilla!”
-Oh Dios…- sollozó sintiendo sus orejas hervir de so