IVANNA
Estacioné la camioneta en el estacionamiento de urgencias y me bajé acomodándome el abrigo fino, con los dientes apretados del coraje. Caminé a pasos rápidos hacia la entrada principal del hospital, cruzando el vestíbulo sin mirar a nadie, repitiéndome los datos que le había sacado a la ingenua asistente de la televisora: piso dos, habitación 204. En el elevador me miré en el espejo para acomodarme el labial, forzando esa cara de tranquilidad ensayada que siempre usaba para burlar a los