98. Sin retorno
La puerta, cerrada detrás de ella, parecía un símbolo de todo lo que los separaba del mundo exterior. Aquí, en este espacio privado, no había jerarquías, ni contratos, ni reglas. Solo estaban ellos, enfrentándose a una verdad que ninguno de los dos estaba listo para admitir en voz alta.
Ha-na caminó hacia él, con pasos lentos y decididos. Al estar lo suficientemente cerca, extendió una mano para tocar ligeramente su brazo.
—¿Esto es real? —susurró ella, casi como si estuviera hablando consigo m