112. El acomplamiento
Las embestidas encendían más su piel, en un ardor que recorría sus cuerpos y los envolvía en un torbellino de emociones. Los suspiros entrecortados se mezclaban con el sonido de sus respiraciones aceleradas, creando una melodía íntima que solo ellos podían entender. Era como si el universo entero conspirara para intensificar ese momento, para hacer que cada segundo fuera eterno.
Allí, acoplados, sus cuerpos se entendían como si hubieran sido creados el uno para el otro, encajando con una perfec